Es importante observar el macaron con ojo crítico para intentar poner remedio a lo que nos falle, y empezar cuanto antes a tener resultados satisfactorios. Vamos a ver errores y soluciones.
Este es el error más común y puede tener varios motivos:
Uno de los primeros defectos y de los más fáciles de solucionar. Al hacer la mezcla del merengue con la almendra y el azúcar glas tamizada y molida, te ha dado miedo pasarte de remover y lo has hecho delicadamente, porque yo te avisé que no enloquecieras, que cuanto más movieses la masa más liquida quedaría. Esto tiene fácil solución, porque es a base de hacer cuando se le coge el punto a este dulce y con la práctica conseguirás que la masa esté perfecta, lisa y brillante.
No obstante, también puede ser problema de la almendra, bien que no esté bien molida, bien que la tuvieras conservada con un poco de humedad y no te haya respondido bien al tamizado.
Te has pasado de energía al mezclar el merengue con la almendra y el azúcar, y la masa se ha quedado muy líquida. Te habrá costado hacerlos del tamaño adecuado, porque en estos casos es imposible controlar bien la manga. La próxima vez sé menos enérgico al hacer el macaronage.
También puede ser que no hayas montado el merengue lo suficiente, o que las claras no estaban como te comenté en esta entrada.
Mira esta foto. Cuando estaba probando tiempos, vi que los 13 minutos de horno que lleva mi receta respetaban perfectamente el color. La segunda tanda, la dejé un minuto más y como resultado se aprecia perfectamente que el color es más apagado de lo apetecible y tirando a tostado. ¡Ojo con los hornos! Además, con los colores claros este defecto es mucho más acusado.
Le falta tiempo de horno. Este es también un defecto clásico hasta que nos hacemos con la temperatura y el tiempo de horneado. Si te pasas, están secos, y no tienen ese punto caracteristico cremoso por dentro y crujiente por fuera que los hacen tan especiales. Si no llegas a los tiempos de horneado que te pide esta masa, el pie se te quedará pegado y te quedarás con la concha en la mano. Lo ideal es probar a levantar uno del papel de hornear una vez cumplido el tiempo de horneado y ver como responde. Siempre pensando que cuando se enfrian se despegan aún mejor.
El tiempo que os aconsejo son 13 minutos, en un horno a 150º calor arriba y abajo. Si esta temperatura no te da buenos resultados prueba 7 minutos a 160º y 6 minutos a 155º.
Este es el caso más chapuza de todos. Es un macaron sin cuerpo y hueco por dentro a pesar de tener pie y que se ha querido aprovechar, es decir reúne todos los despropósitos anteriores. Dependiendo del relleno, en la primera hora visualmente está bien, e incluso te entraran tentaciones de regalarlo, pero pasado este tiempo, el macaron tendrá el aspecto de la foto y al paladar es una masilla bastante desagradable. ¿Cómo reconocerle? Cuando salgan del horno, algunos se quedarán pegados al papel de hornear y huecos que es el caso anterior, pero otros saldrán más o menos aceptables con una fina base, pero en el fondo todos tienen el mismo problema, y es que por dentro no están bien horneados.
Esto es lo que hay. Ya os dije que había pasado por todos los defectos, y de todos he aprendido, y he mejorado hasta conseguir muy buenos resultados. Si yo puedo ¿por qué tú no?.
Conclusión: échale paciencia, que de vez en cuando viene muy bien cultivarla, y disfruta del proceso de aprendizaje. Hoy hemos visto la parte más desagradecida que son los errores, y la verdad, no lo es tanto, porque aún así todas las pruebas se comen estupendamente. Prohibido tirar la masa os quede como os quede, hornearla, y comprobaréis que aunque no sea lo que buscamos os saldrán unas galletitas estupendas.
Ahora queda lo mejor: os tengo preparadas unas recetas fantásticas y un montón de cosas relacionadas con este dulce que ya sabéis que me vuelve loca.
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