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Historia de los Chocolates y dulces Matías López

Desconocía por completo la historia de Chocolates y dulces Matías López. Me la contó mi amiga María, de Alambique, y luego he tenido la oportunidad de profundizar en ella de la mano de su tataranieto, ahora que la empresa vuelve al mercado español 165 años después de la fundación del que sería el primer fabricante y comerciante de chocolate de la capital.

Historia de los Chocolates y dulces Matías López

Chocolates y dulces Matías López

La historia de estos chocolates comenzó en 1844 de la mano del gallego Matías López, nacido en Sarria en 1825. En 1844 llegó a la capital española en una caravana de comerciantes e inició sus estudios nocturnos de francés, administración y matemáticas.

La leyenda familiar cuenta que para ahorrar dinero durmió bajo el mostrador del obrador en el que trabajaba

Matías López sabía que la excelencia requería conocimientos, preparación y trabajo constantes, y fue siempre lo que dirigió su vida. En 1851 fundó su propio obrador en Madrid, en la calle de Jacometrezzo y en 1874 compró en El Escorial una fábrica de refinado de azúcar. Un año después, la transformó en una fábrica modélica de chocolates.

Me cuenta Manuel de Cendra y Aparicio que él nació en 1943 y que sus recuerdos son los de una infancia y una juventud siempre rodeada de chocolate. Era el negocio familiar, en el que participaba su padre… Pero en 1964 la fábrica cerró, por problemas económicos, y los descendientes de Matías López siguieron otros caminos. Él estaba por entonces inmerso en su trabajo de arquitecto. Su padre y uno de sus hermanos fueron en 1996 a la exposición conmemorativa sobre Matías López que albergaba el Monasterio de Prestado, lugar donde el rey Felipe II vivía mientras vigilaba las obras del monasterio, en San Lorenzo de El Escorial. Con motivo de la exposición se edita el catálogo “Cuando El Escorial olía a chocolate”.

Esa exposición es un revulsivo para mí, que nunca había dado la importancia merecida a la figura de mi tatarabuelo

Descubre en él a un hombre excepcional, y se da cuenta que fue un hombre diferente, revolucionario para su época. Es el primer industrial en utilizar el vapor para su maquinaria. Su éxito se basó en una combinación de cacaos, de precio razonable, cuya mezcla da un chocolate excepcional y al alcance de todos. Viajaba constantemente por Europa para conocer las últimas técnicas de elaboración y maquinaria utilizada. Cuando murió, en la noche del 18 de junio de 1891, la fábrica producía más de 15.000 kilos diarios de chocolate, tenía más de 500 trabajadores y 5.000 puntos de venta en España.

Además le impresionó lo adelantado que era para su época, un hombre liberal influido por las teorías de Stuart Mills. Al comprar la fábrica también compró terrenos y construyó casas dignas para sus trabajadores, con ventilación exterior, jardines, e incluso inodoros, importados de Francia al tiempo que la maquinaria. Las viviendas fueron adquiridas en propiedad a través de la financiación que proporcionaba la propia empresa, a través del propio salario.

Establece la jornada laboral de 8 horas y crea lo que podría ser entendido como la primera Seguridad Social de España: en caso de enfermedad, la empresa aporta el 50% del salario íntegro y la diferencia la complementa un fondo salarial constituido por los trabajadores, mantenido con parte de su nómina. Proporcionaba a los trabajadores médico propio y además la empresa subvencionaba los tratamientos y las medicinas. Asimismo creó ayudas a la jubilación.

La recuperación de la marca

Es tras la exposición en el Escorial cuando su tataranieto decide recuperar la marca para poder elaborar esos maravillosos chocolates, y aquí comienza un periplo fascinante que me cuenta él mismo.

Durante casi 14 años, mensualmente, investigo en Internet la propiedad de la marca, que ya no pertenecía a la familia y por fin, en 2009, logro recuperarla y registrarla a mi nombre. A partir de ahí, unos objetivos claros: la materia prima elegida, de primerísima calidad, y el espesor de la tableta de chocolate —3,5 milímetros— nos proporcionan un producto totalmente diferenciado del resto de los chocolates existentes, pues su temperatura de fusión en boca es de 37ºC. No hace falta morderlo, sino que se funde en la boca.

La gran apuesta de Chocolates y dulces Matías López consiste en elaborar chocolate en ediciones limitadas y numeradas. La tableta grande pesa 72 g, y la denominada “Joya”, 20 g. Dado su espesor, el chocolate es moldeado a mano, tableta a tableta y envasado a mano, para que coincidan la envuelta y el tarjetón. Tienen todas estas variedades:

  • Chocolate Negro 70%.
  • Chocolate con leche 36,5%.
  • Chocolate avellana: uno de mis preferidos.
  • Chocolate blanco: el clásico chocolate blanco.
  • Chocolate tostado: no es que lleve caramelo, es que se carameliza el azúcar, mediante un proceso complejo de tostado del azúcar, dando lugar al color y sabor de un toffe.
  • Chocolate capricho: algo verdaderamente excepcional, un blanco no muy dulce.
  • Chocolate a la taza: excepcional. No contiene harina ni espesantes. Se puede consumir como chocolate negro al 63% de cacao, o a la taza.

Por si te apetece probarlo te cuento que se vende en línea aquí, y en varios puntos gourmet de España, además de en las tiendas VIPS de toda España.

Y ahora te dejo unas imágenes para que te recrees. Muy curiosa la vista del El Escorial, de destacar la ilustración del pintor manchego Ángel Lizcano para la publicidad, pero sobre todo el envoltorio que es de fábula.

Puedes hacer clic sobre cualquier foto para comenzar una presentación a pantalla completa.

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Ya se han hecho 3 comentarios para "Historia de los Chocolates y dulces Matías López".
  1. Sara says:

    Que gran historia la de Chocolates y dulces Matías López…….y que bueno que su nieto haya recuperado la marca……El chocolate es una delicia que hay que disfrutar…….amo el chocolate. Un saludo para todos y gracias por compartir esta historia inspiradora.

  2. María says:

    Acabo de hacer mi pedido, ya les contaré…Gracias Su por acercarnos esta historia.

  3. Cristina says:

    Gracias, su, por compartir esta historia tan bonita. Es maravilloso que tantos años después la familia haya recuperado la labor que se comenzó tantos años atrás. Seguro que su fundador estaría muy orgulloso.

    Besos manchegos

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