
• Lo ideal para que salgan muy ricas es no cargarlas de harina con el ánimo de hacerlas más fácilmente,. Hay que poner la harina justa que haga falta para poder hacerlas. Como no todos los huevos pesan lo mismo, hay que ir un poco a ojo. Sé que esta situación a veces da miedo a los más inexpertos, pero creo que no debe ser así; de verdad que la masa lo va pidiendo, porque mientras amasemos, si la masa se nos queda pegada a las manos, es que nos hará falta un poco más, que iremos añadiendo poco a poco, para solo utilizar la justa, de esta manera nunca quedan mazacotes.
• También aconsejo no dejarlas mucho tiempo de cocción. Pasa como con las galletas: si las sacamos cuando ya están duras, frías se quedan más duras, por eso, aunque requieren su tiempo de horno para que la harina no sepa a crudo, unos 15 minutos aproximadamente, hay que sacarlas cuando estén doradas pero no muy duras todavía.
• Para hacer la rosquilla, yo cojo una porción en mis manos, la moldeo como si fuera plastilina y termino dándole unas vueltas en la encimera; de esta manera quedan muy iguales, y si no quedan muy iguales es que el trabajo artesano es así, ninguna pieza igual que la otra.
• Estas rosquillas requieren una conservación mínima, como unas galletas, ya que aguantan muy bien. Lo ideal es meterlas en una lata que tengamos para estos usos —si quedan, claro—.
Otras para la colección.
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