Esta tarta Sacher es tan conocida y tan mitificada, que uno solo se imagina a un pastelero haciéndola en la cocina antigua del Hotel Sacher en Viena, y con un vals de música de fondo.Pues no.Puede salir de vuestra cocina y dejar satisfecho hasta el paladar más exigente.Es un poco laboriosa, pero admite la preparación el día anterior al evento que tengamos.La verdad que es una tarta maravillosa, delicada y perfecta. Para su preparación utilicé los consejos del libro llamado Chocolate —historia, arte, pasión— de Nicoletta Negri y Denis Buosi.
Precalentar el horno a 180ºC, calor arriba y abajo.
Para preparar la tarta base, batimos la mantequilla con el azúcar glas una pizca de sal, añadimos el cacao puro, las yemas de una en una, y la leche.
Añadir la harina y la levadura espolvoreándola abundantemente —yo me ayudo de un colador—.
Montar a punto de nieve las claras de huevo con el azúcar refinado. Incorporar a la mezcla con movimientos envolventes.
Preparar un molde desmontable de 24 cm. untado con mantequilla —yo le pongo un papel parafinado engrasado a su vez y así luego es más fácil desmoldar—.
Verter la mezcla en el molde e introducirlo en el horno. Hornear unos 35-40 minutos.
Desmoldar y dejar que se enfríe en una rejilla.
Una vez frío, cortar horizontalmente en dos la tarta, mojarla con el almíbar y distribuir sobre ella la confitura, previamente calentada, filtrándola a través de un colador para que nos quede una textura muy fina.
Para preparar la cobertura ponemos la nata en un cazo. Cuando comience a hervir, retirar del fuego y echar el chocolate en trocitos para que se vaya derritiendo. Una vez derretido, agregar la mantequilla y batir bien para que quede todo correctamente mezclado. Esta cobertura se tiene que poner sobre el bizcocho cuando aún esté caliente, ya que es la forma de que toda la superficie quede como veis en la foto.
Dejar que solidifique y proceder al decorado que más os guste. Yo puse unas frutas del bosque y una chocolatina que fabriqué con plástico de burbujas, pero podéis optar por la más tradicional, que es meter un poco de chocolate blanco fundido en un cucurucho, hacerle una pequeña abertura y proceder a escribir la palabra Sacher muy finamente.