En temporada de paraguaya —en casa siempre las hemos llamado paraguayas, y ahora leo en mil sitios que les llaman paraguayos— hago mucho este bizcocho, sobre todo con las piezas más maduras. Sustituyo el yogur por kéfir y queda un bizcocho extrajugoso, textura densa, y con una capa crujiente por arriba deliciosa. En la propia receta te cuento cómo se hace.
Precalienta el horno a 170ºC, calor arriba y abajo.
Engrasa tu molde.
Pela las paraguayas y pártelas en trozos desechando el hueso. Ponlas en un vaso de batidora con las gotas del aroma de vainilla. Bate unos segundos. Reserva.
Pon los huevos junto con el azúcar en un cuenco y bate con la máquina de varillas durante 5 minutos.
Añade el kéfir y el aceite de oliva virgen extra, y remueve. Echa la fruta triturada.
Tamiza la harina e incorpórala junto con la levadura. Bate unos segundos con la máquina de varillas, pero no mucho: lo justo hasta que esté integrado.
Vierte la masa en el molde. Espolvorea con azúcar moreno.
Hornea a media altura sobre rejilla, a 170ºC, calor arriba y abajo, y durante 30 minutos. Baja el horno a 160ºC y termina de hornear durante otros 30 minutos. Comprueba metiendo una brocheta casi al final de la cocción para comprobar que está hecho: tiene que salir seca. Si está listo, sácalo y en cuanto puedas desmoldar, ponlo en una rejilla.
Consejos
Si no tienes paraguayas puedes usar cualquier otra fruta madura que tengas por casa, por ejemplo ciruelas o melocotones. El peso de la fruta es aproximadamente de entre 100 y 120 gramos. También está muy rico con un plátano maduro y unas pepitas de choco.
El kéfir que he utilizado es el de Pastoret, muy poco ácido y muy rico. Hay un montón de recetas en la red para hacerlo vosotros mismos.