Jaén, 1930. Hoy rescatamos una receta de hace un montón de años, pero que está de plena actualidad: chuletas de cordero con bechamel. Es un clasicazo también en la Mancha, donde el cordero es protagonista en muchos de nuestros platos.
La receta es de la abuela de mi amiga Marian Velasco. Es ella quien os va a describir maravillosamente bien a su abuela, y la época en la que vivió. Para mí es un honor que nos haya dejado buscar en su cuaderno, en el que las recetas con aceite de oliva virgen extra copan todo el recetario. No es de extrañar, viniendo de la zona que proceden. Ahora, muchos años después, su nieta tiene un papel muy importante en la difusión del aceite de oliva virgen extra, y de esta manera quiere hacer un homenaje, a las mujeres que, como su abuela, tuvieron una vida sencilla, pero que hicieron felices a sus familias con su saber hacer. Os dejo con su relato.

«Mi abuela, Angustias Velasco Lozano, nació el 22 de febrero de 1906 en Noalejo, un pueblecito de Sierra Mágina, en el seno de una familia acomodada. Era la pequeña de seis hermanos, aunque pronto murió el mayor y quedaron cinco.
«Su padre, mi bisabuelo, era el farmacéutico del pueblo. Su vocación por esta profesión le venía —nos viene a los Velasco, ya que mi hermana y yo, y mis primos somos la quinta generación— de su padre, Bonifacio Velasco y Pano, farmacéutico y Catedrático de Química Orgánica por la Universidad de Granada de 1863 a 1878.
«Mi abuela quedó huérfana muy pronto, a los 12 años. Con 16 años se trasladó a vivir a Campillo de Arenas, pueblo vecino, con sus tías Paca y Prudencia. Paca, era soltera, muy guapa y culta. Era una gran contadora de historias y vivencias de su época. Prudencia, su otra tía, viuda de un general de brigada. Con ellas tuvo una juventud digamos bonita, dentro de lo que eran aquellos años y la vida rural, en Campillo de Arenas. Allí conoció a mi abuelo, Manolito Valenzuela Pérez, y se casaron en el año 1930. Mi abuela, que era muy guapa y coqueta, fue la primera novia de blanco y con traje largo en el pueblo (en aquellos años las novias no disfrutaban de suntuosos vestidos especiales para la ocasión como ahora). De su refinada educación con las titas Paca y Prudencia aprendió muchas cosas típicas de la época: bordar, cocinar, música… También inició estudios de Magisterio, que no llegó a terminar, ya que se casó antes de acabarlos.
«Algunas de las cosas que ella misma hizo para su ajuar, de manera exquisita, por cierto todo ello, fueron las sábanas y mantelerías bordadas que conserva mi madre. Y también redactó un cuaderno con recetas de cocina, que formó parte de su ajuar y que hemos conservado en casa, como algo valioso e irrepetible: recetas auténticas, sencillas, tradicionales… con las que se han criado mi madre y mis dos tíos, Blanca, Bonifacio y Juan, y con las que nosotros también hemos crecido, ya que hemos pasado largas temporadas vacacionales en Linares, con mis abuelos. Era muy buena cocinera, otra de sus cualidades, y le gustaba innovar e inventar en la cocina. La repostería le encantaba, especialmente los dulces fritos, ¡con aceite de oliva virgen extra de Jaén, claro!
«De mi abuela Angustias, tengo muy buenos recuerdos. Me enorgullece por ejemplo el llamarme como ella. Era una mujer luchadora, optimista, alegre, simpática, coqueta, elegante, guapa aunque bajita como ella misma reconocía. Muy amante de sus hijos y del hogar familiar.
«Le gustaba mucho, y lo hacía divinamente, contar historias sobre su época. Cuando se casó, se trasladaron a vivir a La Yedra, a Linares finalmente… Siempre nos destacaba los valores y la humanidad de mi abuelo en esos tiempos tan difíciles, en los que ayudaban a toda persona que llamara a su puerta ya fuera ofreciéndole comida de la cosecha propia como patatas, legumbres u hortalizas, de la matanza, u ofreciendo trabajo —jornales— en la finca. Cuando llegó la guerra mi abuelo pasó ese tiempo dando clases en la escuela, ya que tenía estudios de Medicina. La responsabilidad familiar del patriarcado de entonces. Fue una mujer que gracias a su carácter, supo adaptarse a las dificultades, cuando llegaron los años de la guerra y la posguerra, por ejemplo. Tuvo tres hijos y cuatro nietos.
«Murió en Linares en febrero de 1996, ya viuda, a punto de cumplir los 90 años. Preparábamos una celebración especial.»
Del cuaderno de Angustias me llamó la atención la variedad de recetas, carnes, pescados, casquería —como en todos los cuadernos de la época—, patatas, arroces, muchas recetas con bechamel, y dulces fritos típicos de la zona.
Escogí las chuletitas por ser un bocado que en mi casa encanta, por su sencillez y una manera de unir el recetario de Angustias con el de casa de mi abuela donde esta receta se hacía de la misma forma.

A ello.

Gracias, Marian, por todo.
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Me ha encantado la receta. He elegido esta porque sé que tú eres una cocinera se...