Está claro que hay que comprar para cocinar, pero imagínate la siguiente escena:
Una persona en el súper, ha aparcado mal, va fatal de hora. Mete en el carrito los productos con prisas y de manera mecánica, porque son los que se usan siempre en casa. No tiene un mercado cerca y este supermercado no está mal y no tiene que esperar colas. De paso compra cualquier pan bajo el rótulo “Recién hecho” que no nos disgusta en casa, si hasta está calentito cuando lo compras y al día siguiente incluso lo podrás usar como un martillo para hacer bricolaje…
Con la compra en casa tampoco presta demasiada atención a lo que guarda. Sólo quiere tomar algo rápido y un poco de sillón, por favor…
Creo que todos nos hemos visto reflejados en esta escena alguna vez. Algún lector tendré que lleve una vida tranquila y pueda dedicar tiempo y mimo a estas cosas, pero muchos otros tienen que hacer malabares para compatibilizar casa, comida, trabajo y organización familiar, esto en el mejor de los casos, que haya trabajo.

Comprar para cocinar es una labor que hay que entrenar, como todo en la vida, y lograr además disfrutar de este proceso tan importante. Con una buena compra en casa ―¡ojo!, que digo buena, y no cara― parte de la labor en cocina ya la tenemos hecha.
Te recuerdo unos consejos que igual son de tu utilidad:
Como verás, todo este esfuerzo influye directamente en nuestra salud y en nuestra economía. Seguiré con más artículos detallados sobre la compra. Deja en comentarios si quieres que me ocupe de algún detalle en particular sobre la misma que te gustaría mejorar o saber e intentaré ayudarte.
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