
Voilá!
Contraviniendo la teoría que dice que es necesario hacer unos post cortos y concretos para que se lean en este mundo internauta de prisas, opto por alargar el mío… resumiendo el proceso y con unos consejos para triunfar con esta receta.
1. Hacer fermento. Dejar reposar tres horas.
2. Mezclar ingredientes, hacer bola. Dejar una hora.
3. Hacer nueva bola. Dejar otra hora.
4. Dividir en piezas. Dejar 3 horas.
5. Horneado.
Tiempo de trabajo real: unos 35 minutos; el resto, es tiempo de espera que podemos emplear para hacer otras cosas.
• Las masas no se manejan mejor por mucha harina que añadamos cuando mezclamos los ingredientes, cuanto más justa sea la harina, sin que se convierta la masa en una cosa ingobernable, más esponjosa estará la bollería
• Enharinar poco la mesa de trabajo o nuestras manos cuando así lo pida la receta
• Los bollos que tienen que levar y llevan un glaseado, hay que tratarlos
con un mimo exquisito al manipular el glaseado con el pincel; para este cometido son ideales los de silicona
• Respetar el tiempo de levado en este tipo de bollería es fundamental, luego podemos acortar el tiempo si nuestra casa es un horno, y está calentita.
• A mí no me gusta poner las masas en una fuente de calor directa no uniforme, por ejemplo encima de un radiador. La masa se infla, pero para mi gusto pierde carácter, y la levadura puede dejar de actuar. Las maduraciones de las masas durante un tiempo más prolongado a la larga resultan mejor
• No exponer la masa a corrientes frías de aire, por ejemplo, dejándola a reposar cerca de la puerta de una terraza de cocina que estamos abriendo constantemente.
• Cuidado con los líquidos. No todos las harinas absorben el mismo líquido, ni todos los huevos pesan lo mismo, etc. por eso es conveniente no echar toda la leche cuando mezclamos los ingredientes: hay que reservar un poco, y la masa te lo pedirá cuando la estés mezclando —palabra que la pide sola—
• Una buena mantequilla. Yo no tenía inglesa —la que usa Bertinet— y puse una mantequilla holandesa Breda. Quedaron muy ricos
• Paciencia en el amasado inicial
• Mimo en el glaseado
• Firmeza para quitar a manotazos las manos que van surgiendo para coger uno cuando todavía están calientes
• Si quieres congelar alguno, hazlo una vez salido del horno y en cuanto se enfríe; estará perfecto cuando lo descongelemos
• Siempre os digo que, a mi entender, lo interesante en repostería casera es no intentar buscar la perfección en cada pieza —al fin y al cabo es un trabajo artesanal—, pero en este tipo de bollos que tenemos que sacar tandas, sí me gusta pesar la masa para que queden a la vista lo más iguales posible
¿Por qué merecen esos bollos un post tan extenso? Porque no estamos como para desperdiciar placeres, y sin duda alguna, éste es uno inmenso.
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