Hace un par de semanas he estado en París perfeccionando mi vena repostera francesa, y de la que os contaré un montón de cosas. La ventaja es que lo que he aprendido en mi curso, en una de las mejores escuelas francesas, Alain Ducasse, lo vais a aprender todos de aquí a unos meses. Por lo pronto, una de mis compañeras del curso me facilitó la receta de las madeleines, y de todas las recetas que he hecho, con ésta es con la que me quedo. Me encanta cómo quedan de crujientes por fuera y jugosas por dentro: son perfectas.
Precalentar el horno a 220º, calor arriba y abajo.
Poner en un bol el azúcar, los huevos y la mantequilla. Batir con la máquina de varillas eléctrica o a mano con unas varillas durante unos 5 minutos. Verás que la masa aumenta, blanquea y se pone brillante.
Añadir las dos cucharadas de leche. Remover ligeramente.
Añadir la harina tamizada y la levadura. Remover con firmeza, pero poco tiempo, lo justo para que esté bien mezclado.
Engrasar con mantequilla las cavidades en forma de concha del molde.
Llenar las cavidades con una cuchara, pero no hasta arriba, sino dejando unos 3 mm por debajo del borde sin rellenar, ya que luego suben y si no lo haces así, se saldrán, y no quedan igual de bonitas.
Hornearlas 5 minutos a 220º y otros 8 minutos a 180º.
Sacar del horno, dejar enfriar unos minutos, y proceder a desmoldar. Una vez frías ponerles azúcar glas por encima y servir.
El molde es de la marca Pyrex, y para este cometido es estupendo. Para las medidas que yo os pongo hacen falta dos moldes, que además entran a la vez en la bandeja del horno, con lo que resulta comodísimo. Si los queréis de metal aquí los encontráis a muy buen precio.
Sabéis que no soy yo de siliconas de los chinos, pero tanto Lekué como Pyrex tienen una gama de prodcutos fantásticos con este material.
Consejos y preguntas
Y si las quiero con chocolate, ¿cómo las hago? Al final del punto 4, después de añadir la harina y la levadura y remover, añade un par de cucharadas soperas no muy colmadas de Nutella, y vuelve a mezclar de nuevo. Impresionantes y jugosas a más no poder.
¿Qué tal se conservan? ¿Cómo lo hago? Se conservan muy bien. No pierden su jugosidad por dentro; por fuera, recién hechas están crujientes, aunque al día siguiente pierdan ese crujiente. Pero absolutamente comestibles y más si son para mojar en café o chocolate. Aguantan mucho mejor que las magdalenas clásicas. Para conservarlas, en una lata metálica o tapadas con film transparente sin apretarlas.