Unas croquetas de caza caseras me parecen de los platos más ricos que hay. Ideales para niños, para tapear, como entrantes, para una cena ligera…
Creo que son uno de los máximos exponentes de la cocina de aprovechamiento.
Con ingredientes extraordinarios y un poco de mano, los platos son estupendos. Pero el verdadero interés, por lo menos para mí, es hacer del día a día, y de las sobras un arte. Es una verdadera alegría cuando convierto un plato de aprovechamiento en algo nuevamente rico y con el que disfrutamos todos. Esto lo he vivido en casa de mis abuelos y de mi madre, donde tirar algo de comida es inviable —ni una miga de pan— pero jamás se ha comido un plato de sobras sin darle otro sabor. Esto es de las cosas que más me ha enriquecido en todos los aspectos.
En este caso utilicé carne de caza que me sobró de la preparación del morteruelo, y el resultado fue un éxito.
Croquetas de caza
Entrantes y aperitivos
Española
Ingredientes
Jamón serrano
Perdiz
Gallina
Conejo de campo
50gde aceite de oliva virgen extra
50gde mantequilla
30gde cebolla
170gde harina
800gde leche
Un toque de nuez moscada rallada
Sal
Pan rallado
Huevo batido
Preparación
Picar el relleno —yo ya lo tenía cocido—
En una sartén poner el aceite y la mantequilla —o solo aceite, si os gustan más—. Cuando esté caliente, echar la cebolla muy picadita y pocharla (la cebolla es opcional, depende del relleno, pero yo creo que le da un punto muy interesante).
Echar la harina y remover con unas varillas hasta que se dore ligeramente. Este paso es quizás el más importante, para que no sepan a harina cruda.
Añadir la leche, el relleno y no dejar de remover con las varillas. Trabajar la masa a fuego suave durante al menos 10 o 15 minutos.
Cuando empiece a hervir, retirarlo del fuego.
Echar la masa en un recipiente donde no quede demasiado extendida, y dejar enfriar —yo las hago de un día para otro—.
Con una cuchara coger porciones de la masa y con pan rallado darle forma —no utilizarlo en exceso—.
Cuando ya se tienen formadas, pasarlas por huevo bien batido y pan rallado de nuevo.
Freír en abundante aceite caliente, pero con cuidado de que se hagan por dentro sin quemarse por fuera.
Dejarlas descansar en papel de cocina antes de servir para que no tengan exceso de grasa.
Los rellenos y las variaciones son infinitos, admiten todo y la masa se puede cambiar sustituyendo la mitad de leche por el caldo que os quede de hervir las carnes o pescados. Además congelan de maravilla.
Os sugiero alguna variedad de las que hago en casa.
De cocido —con la carne, pollo y jamón, y sustituyendo la mitad de la leche por caldo del cocido—
De morcilla y piñones
De lacón cocido
De jamón serrano
De espinaca y gambas
De bonito en escabeche
De bacalao
De salmón ahumado y huevo duro
De verduras —servidas encima de un puré de calabacín—
De garbanzos del cocido acompañadas con tomate frito
De bacon y huevo duro
De espárragos trigueros con virutas de jamón ibérico