Llevaba tiempo oyendo a mis compañeros blogueros hablar de las bondades de cocinar a bajas temperaturas cuando nos reuníamos. Primero fue Iñigo, el crack de Umami Madrid: los que no le conozcáis no vais a poder despegar los ojos de la pantalla en cuanto veáis las técnicas que tiene para tratar determinados ingredientes. Luego han sido Pakus y Noceda los que están encantados con este proceso, y que han dado un paso más comprándose los hornos SousVide, que sirven para realizar estas técnicas de una manera más cómoda.
Paletilla de cordero a baja temperatura
Yo, como manchega-serrana poco innovadora, me he resistido a esta técnica hasta hace unos pocos meses. Craso error el que cometemos las personas que desconocemos una técnica y pensamos que la nuestra, como se ha hecho en casa toda la vida, es la infalible. Si algo puedo presumir es que el tema asados en mi casa se ha dominado muy bien. Vivo en una zona donde hay verdaderos maestros de asar corderos y cabritos, como Jadraque o Sigüenza, con permiso de segovianos y burgaleses. Usamos materia prima excepcional, aderezada con hierbas de la Alcarria, de unos campos llenos de tomillo y romero, y nos hemos criado entre cazuelas de barro. Pero creo que un resultado tan, tan rico no habíamos conseguido nunca.
Hay muchos métodos, matices, y recetas. Yo he empleado una de tantas, la más sencilla para empezar.
Nota: en la foto los jugos no están puestos, pues se hizo recién sacada del horno, el jugo se pone por encima una vez repartidas las piezas. Este plato está acompañado por unas patatas fritas con cebolla y pimientos.