La receta es la misma, con algunos añadidos, porque es la que se hace desde siempre en casa, pero si entráis en el post que hicimos y veis la foto, en ella se refleja la textura, que es lo que queríamos, pero Mc se enfrentaba a sus primeros pinitos y la foto tiene muchos defectos. Como todos los años, cuando alguien nos regala caza, lo hacemos, y hemos aprovechado el momento para fotografiarlo y quitarnos la espinita. Con lo cual, una vez más, os decimos que nadie nace enseñado, y que todo en la vida es una evolución constante, todo es mejorable, y por ello os animamos a los que os cuesta más el asunto fotográfico de vuestro blog.
Cuenca, ciudad de artistas, creadores y escritores. En sus crónicas más hermosas se lee una rendición absoluta a este plato. Nunca será el mismo de una vez para otra aunque lo haga el mismo cocinero. Las especias vuelan a la olla sin medidas, cuidando la alcaravea, que tiene carácter y puede marcar el plato… No hay cosa más especial para mis paisanos que compartir risas y confidencias alrededor de una lumbre baja con morteruelo y pan.
Para los que no conozcáis este plato, os diré que viene de tiempos antiguos; plato de pastores reconvertido en manjar en nuestras mesas, soberbio, rotundo. Ahora se sirve como tapa, pero antiguamente era plato base para aguantar el duro invierno en la meseta. Y para mí, es ese momento mágico, en el que mi madre y yo estamos mano a mano en la cocina, ella deshuesando la carne, yo con el cuchillo troceándola, y la cazuela oliendo ya a especias…
Receta
Ingredientes
½ liebre o conejo de campo
1 perdiz
¼ kg de gallina
¼ kg de jamón serrano
¼ kg de hígado de cerdo
¼ kg de papada de cerdo
300 gr de pan rallado
200 ml de aceite de oliva virgen extra
Agua para la cocción —la necesaria para cubrir la carne—
Sal
1 cucharada de pimienta negra —las medidas son de cuchara de café—
½ cucharada de pimienta blanca
1 cucharada de alcaravea
½ cucharada de clavo
½ cucharada de canela molida
1 cucharada de pimentón dulce y un punto de pimentón picante
Preparación
1. Poner a cocer todas las carnes durante 3 horas en una cazuela grande —en olla, unos tres cuartos de hora—.
2. Una vez cocidas, sacar y limpiar bien los huesos y piel de las aves, y cortar fino a cuchillo. Reservar el caldo de la cocción. Poner en un vaso de batidora el hígado y la papada, con un poco de caldo de cocción y triturarlos. Reservar. El resto de carne, como os he comentado, va a cuchillo.
3. Poner a calentar el aceite en una sartén grande. Cuando esté caliente, echar el pimentón y freír unos 5 segundos con cuidado de que no se nos queme, retirando la sartén del fuego.
4. Volver a ponerla en el fuego y añadir el caldo de la cocción. Poner las especias y la sal —¡ojo! que el jamón aporta la suya—. Cuando empiece a hervir, echar lentamente el pan rallado mientras removemos para que no se hagan grumos, y dejar cocer cinco minutos.
5. Añadir las carnes picadas y la mezcla que teníamos en el vaso de la batidora con el hígado y la papada, remover y dejar cocer a fuego lento durante una hora u hora y media, moviéndolo para que no se pegue. Vamos notando como va espesando y las carnes se integran en una pasta. Estará definitivamente hecho cuando la grasa del morteruelo, al final de su cocción, salga por encima.
6. Rectificarlo de sal.
7. Listo para comer. Servir caliente. Se come con tenedor y acompañado de un trozo de pan.
Precisiones
- No siempre tenemos todos los productos de caza. Podemos sustituir alguno por lo que encontremos en el mercado, por ejemplo, el conejo de monte por el de granja, o si no tenemos perdices por codornices. Eso sí, si tenemos todos los ingredientes, más auténtico nos quedará.
- Se sirve muy caliente y se puede comer compartiendo cazuela de barro.
- La textura es como un paté rústico espeso, pero al contrario que el paté este se toma caliente.
- Hoy hemos cogido —porque a mi fotógrafo le encantan como acompañamiento— unas guindillas de Ibarra de las que tanto se comen por el País Vasco.
Y para cerrar el post os dejo la imagen a la que tantas veces está asociada mi ciudad: las Casas Colgadas —que no Colgantes—, suspendidas en la rocas de la Hoz del Húecar. Edificio emblemático de la ciudad, de origen y traza medieval, se convirtió en 1966 en el Museo de Arte Abstracto Español merced a Fernando Zóbel y Gustavo Torner —al que ya le dediqué unas patatas—, y adquirió su actual configuración en 1978, cuando se amplió el Museo. En el mismo edificio se halla el Mesón Casas Colgadas, un estupendo restaurante desde cuyo interior se divisa el puente San Pablo y el antiguo Convento de San Pablo, reconvertido en un espléndido Parador de Turismo.
Morteruelo y Casas Colgadas: este es el sabor de mi tierra.
Su
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Crème brûlée de foie gras a la naranja


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Jejeje, que le pregunten a uno que yo me sé sobre el morteruelo… le tuve que poner el candado al frigo. Peligro, oye tú…
Besos.
Como siempre genial tu receta.
La foto antigua estaba un poco peor de luz pero tenia muy buen encuadre.
Empezó tu fotógrafo con buenos principios.
Yo empece mucho peor!!!
soy yo, la misma, creo que es con este correo con el que me di de alta ¿no??
Maravilloso plato y estupendo post. Cómo se notan las cosas que nos llegan al corazón. Me has emocionado. Sólo he tomado el morteruelo una vez, precisamente allí, en las casas colgadas, pero hay veces que las vivencias personales, la historia y los recuerdos transmitidos de generación en generación son ingredientes esenciales de una receta ya buena de por sí. Cuando lo vuelva a probar me acordaré de ti y de todo lo que nos cuentas. Precioso.
Un abrazo
uhmmm, qué bueno!!! lo probé la vez que estuvimos en Cuenca… hace ya unos años y aún soñamos con el morteruelo!! :D
Dos por una Su; una, el morteruelo que es un delicioso plato que tengo pendiente para preparar. Me lo había pedido en una ocasión, un paisano tuyo en la Universidad en el foro de Gastronomía y ahora que he leído tu receta, procuraré hacerlo en la próxima temporada de caza. La otra ilusión que tengo pendiente, indudablemente más añorada es visitar la hermosa ciudad de Cuenca.
Viajar nos enriquece a todos y en nuestro país tenemos ciudades tan bonitas y singulares como la tuya.
Un beso y gracias por la receta y por la fotografía que es una preciosidad.
Exquisito el morteruelo, lo comí precisamente en el Mesón de las Casas Colgadas. Nos llevó allí Oscar Pinar, gran amigo nuestro, pintor conquense, muy famoso por estos lares. Estuvimos de vacaciones durante un mes en Cuenca y él nos llevó a visitar la región. Desde aquí le envio un cordial saludo.
Lo hemos comido este fin de semana, y muchos amigos nuestros preguntándose cómo se hacía, descubrieron tu página por indicación nuestra y se quedaron encantados.
De verdad que con un buen pan es un lujazo gastronómico.
Un saludo y muchas gracias Su por todo.
Estoy en ello, a ver que tal queda, luego te cuento, gracias por la receta
saludos
El morteruelo está tremendo,y mas si lo pides en Cuenca de restaurante y no de lata xD
Es que la tierra Conquense tiene una belleza impresionante allí donde mires. Ni qué decir tiene de sus ricos platos.
Un abrazo de otra Conquense de pura cepa ;-)
AnAis