
Para acabar, os quería comentar un par de cosas
Con muchos de vosotros tengo una relación que ha traspasado pantallas. Por diferentes motivos os habéis dirigido a mí por unas cosas u otras, o yo a vosotros. Con una de mis lectoras, Rosa María, a la que conocía ya hacía tiempo, y a raíz de una receta de salmón, surgió una conversación con la que aprendí aspectos de este sector que desconocía por completo.
Yo no me puedo resistir a una historia de esfuerzo y superación empresarial, y hoy quiero compartirla con vosotros: Rosa María, su marido y personal cualificado como maestros ahumadores, están al frente de una empresa de ahumados desde el año 1994. De hecho, mucho antes, ya se dedicaban a ésto, pero a raíz de la crisis del 92, la empresa anterior se fué al garete y los trabajadores que estaban allí la cogieron con mucho entusiasmo y cariño, y con un romanticismo impropio del buen negociante. La empresa se llama Monsalmó, y distribuyen la marca “El rey del salmón”. Su sistema de trabajo es muy personalizado: producen ahumados artesanales, con materia prima de excelente calidad. Son punteros especialmente en el salmón y el bacalao ahumados, aunque también ahuman atún, arenque y esturión. El salmón siempre lo adquieren en Noruega y el bacalao es solamente Gadus Morhua, el rey del bacalao por excelencia. Hoy en día, los bacalaos que se suelen consumir, tanto en salado como en ahumado, son sucedáneos, que ni tienen el mismo sabor, ni textura y que son inyectados para sacarles mayor rendimiento en el peso.

En su fábrica situada en Olesa de Montserrat, en Barcelona, reciben el pescado y siguen todos los patrones del eviscerado manual. Todo se hace a mano —incluso la retirada de espinas—: desde el salado hasta el ahumado artesanal en hornos especiales para ello. Luego lo precortan y lo envasan en diferentes formatos. Todos los productos que salen de su fábrica están exentos de cualquier conservante, colorante ó aditivo. En fin, una misión difícil hoy día, que vas al súper con todo el cariño y está repleto de estabilizantes y aditivos, y claro, muchos consumidores buscando lo más barato, porque no están las cosas como para tirar cohetes.

Creo que os gustará conocer sus productos. Mi valoración personal de los mismos —opinión objetiva, porque una cosa es la historia que hay detrás y otra las catas, en las que soy tremendamente puñetera— ha sido extraordinaria, tanto respecto a textura como a sabor.
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